Bitàcola XXI

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Guillem Palou

Guillem Palou

Maestro marger, Bunyola.

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Soy de Bunyola y soy marger. Empecé a estudiar Derecho, pero no me gustaba ni me iba bien. Empecé a buscar alternativas, no tenía una vocación muy fuerte para hacer de marger. Trabajé de administrativo, pero estar cerrado no era lo mío.

Supe que se hacía una escuela de margers, en el año 90 o 91. Estuve dos años formándome, y después he formado parte de las brigadas de mantenimiento de caminos de la Serra de Tramuntana. También fui maestro de las escuelas de margers y, ahora que ya no existen, estoy a una brigada de margers del Departamento de Medio Ambiente del Consell de Mallorca, manteniendo los caminos GR.

A mí lo que más me motiva es la capacidad que tengo de transformar el paisaje. Cuando estuve trabajando de administrativo, cada día tenía una pila de papeles sobre la mesa para organizar, lo hacía, y al día siguiente volvía a tener un montón de papeles, ¡era un trabajo que no se veía! Mi trabajo de marger sí se ve, es laborioso, lento, pesado, pero cuando te vas has transformado un espacio.

Uno de los retos del oficio es asegurar el relevo generacional. Es uno de los objetivos del Gremi de Margers, del que formo parte (soy el tesorero). Nos constituimos como gremio para poner en valor el trabajo. Queremos que sea económicamente atractivo para un joven que empieza.

Otro problema es que hay mucho intrusismo, mucha mano de obra no cualificada, lo que deja malos trabajos. Los aprendices jóvenes tienen que competir con eso: un trabajo muy duro a un precio bajo.

A los jóvenes de hoy, para animarles a que elijan el oficio, les diría que es un trabajo que personalmente es muy gratificante, y que hay buenas posibilidades de ganarse la vida, que es por eso que trabajamos. Con paciencia y perseverancia se pueden conseguir las dos cosas.