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20181111_UH_Comercio cataliner

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%PN iOHP "$56"-*%"% M«Queremos generar debate con la ilustración» 7ÌDUPS%PSBEPGPSNBQBSUF 461-&.&/50 4&."/"- %& Ultima Hora nn EFMHSVQPEFEJTFÐPHSÁGJDP .BMBGPMMB$SFX &/53&".*(04 M-PTFWFOUPT TPDJBMFT DPO &TUFCBO.FSDFS *OBVHVSBDJPOFT HPMG NPUPT  HBTUSPOPNÌBZVOBCPEB $6-563" MUn ciclo de cine para acercarse al arte 0DJNBYQSPHSBNBVOB TFSJFEFGJMNTEFEJDBEPTB MPTHSBOEFTBSUJTUBT .0%" M/PDIFEF CSJMMPNVMUJDPMPS FO#JMCBP -BJOWFSTJÑOFYUSBOKFSB -BFOUSFHBEFMPT.57 VO La gran EJOBNJUBFMDPNFSDJPUSBEJDJPOBM EF4BOUB$BUBMJOB●1ÁHJOBTZ EFTGJMFEFKVWFOUVEZBMFHSÌB transformación 36&%"4 M4FJTDJFOUPT EFQSJNFSB HFOFSBDJÑO &MDPDIFNÁTFNCMFNÁUJDP EFMBNBSDBFTQBÐPMB4FBU RVFMMFWBBÐPTFOSVUB $-"4*'*$"%04 MLa mayor oferta de anuncios económicos 1PSUB.BMMPSRVJOBOPT QSFTFOUBTVPGFSUBFTUSFMMB  " $ 5 6 " -  * % " % Ultima Hora %PNiOHPEF/PWJFNCSFEF .FUBNPSGPTJTVSCBOB .FNPSJBGPUPHSÁGJDBEFVOCBSSJP El comercio ‘cataliner’, en extinción La gentrificación expulsa a los vecinos de Santa Catalina y dinamita negocios   tradicionales por la invasión extranjera que se hace hueco a golpe de talón 103 (FNNB.BSDIFOB % e la carbonería al estudio de yoga. De la peluquería que hace la permanente a jubiladas y afeita a navaja, al coffee shop Ofertas  que ofrece tostada de aguacate. El panorama comer- millonarias a la cial de Santa Catalina ha vivido una transformación tal que no la reco- puerta de casa M nocen ni sus propios vecinos. El bar ás de un vecino narra Progreso que ilustra la portada de casos de llamadas a la este suplemento es todo un ejem- puerta de extranjeros plo de la mutación: del llonguet y el  con un mensaje claro: «Quiero reventat, a la barbacoa coreana. An- comprar esta casa». Todo esto taño arrabal de pescadores, luego sin un cartel de ‘Se Vende’ que polígono industrial de la ciudad y indique que está en el mercado. desde hace años, un Soho interna- El propio Jaume Gual fotografia- cional tras el paso del huracán lla- ba un edificio abandonado de mado gentrificación. Así lo certifica Santa Catalina este mismo vera- el informe de la entidad ciudadana no «y había un hombre esperan- Palma XXI, que señala que a la mar- do. Como si estuviera al acecho. cha paulatina de vecinos se suma el Se acercó a mí para saber si era cierre de comercios tradicionales. el propietario». Otro ejemplo de Además del consabido encareci- esta puja: un inglés llamó a la  miento del precio de la vivienda, se puerta de una casa con vistas al constata una transformación en los mar. Pese a que el propietario Z1FMVRVFSÌB"SSJCB VOBBOUJHVBQFMVRVFSÌBFO"WFOJEB negocios. De hecho, de los 529 ne- informó de que no estaba a la "SHFOUJOB&OMBGPUPEFBCBKP USBTFMEFSSJCPEFMFEJGJDJPTF gocios contabilizados en planta ba- venta, el británico lanzó su ofer- DPOTUSVZÑVOPOVFWPZTFJOTUBMÑVOBJONPCJMJBSJB ja, 160 se dedican a la restauración, ta. El vecino aceptó y más tarde «un 33 por ciento», calcula Carlota reconoció a un amigo que «por ra impartir una conferencia sobre  Cabeza, coordinadora del informe dos millones de euros menos, se la gentrificación comercial de Pal- de la gentrificación comercial. Y re- la hubiera vendido también». ma intensificada por la inversión salta un dato interesante: hay veinte  Otro vecino compró un local pe- extranjera y el turismo urbano. inmobiliarias detectadas en el anti- queño y tras firmar la escritura «La calle Fábrica parece un par- guo arrabal de pescadores, lo que Z$BSCPOFSÌB&OVOBDBS se fue a su propiedad. Pocas ho- que temático y el barrio de Santa demuestra el intenso interés inver- CPOFSÌBTPCSFWJWÌBFO4BOU.BHÌ SF ras después, un sueco le ofreció Catalina ha pasado a ser un polígo- sor extranjero por la zona. DVFSEPEFÈQPDBTQBTBEBT&O 300.000 euros más. Los hay que no de ocio nocturno», se lamenta FMMPDBM ZBDFSSBEP FSBVOBJONPCJ tildan esta actitud de «acoso». este antiguo vecino de la barriada. "-;"%&13&$*04 MJBSJBZFTUVEJPEFEFDPSBDJÑO El fotógrafo advierte que «si se viaja Cabeza advierte que «se palpa el al- a otras ciudades, hay diseños simi- to precio de los locales. Ha cambia- da vez menos pequeños comercios. positivas de estas fotos y volví a pa- lares. Son franquicias y sucursales do su perfil tradicional y se adapta Jaume Gual es geógrafo, fotógrafo sar por los mismos comercios». Su bancarias. Estas fachadas antiguas a la gente que ahora circula por el y cataliner de nacimiento. Miembro obra fotográfica costumbrista se ha de Santa Catalina eran singulares barrio». Una muestra: un local con de Palma XXI, en los años 80 empe- plasmado en varios libros, entre porque obedecían al gusto personal licencia de restaurante de 150 me- zó a fotografiar los comercios de su ellos Tiendas de Palma: antes y des- de cada comerciante». Mientras tros, incluida terraza, se traspasa barrio por pura afición. «Fue una pués, un testimonio gráfico de la por 1.700 euros al mes, un contrato casualidad, pero en 1987 hice fotos transformación comercial. Su traba- Z.POUFQÌP"SSBCBM&MRVF de diez años y previo pago de de mi barrio y me olvidé de estas jo interesa tanto que la semana que GVFSBMVHBSEFSFVOJÑONÁT 140.000 euros. El vecino que que- instantáneas. Pasados unos años, viene ha sido convocado por el Co- FNCMFNÁUJDPEFMB[POBIBEBEP da, pues, está acorralado y tiene ca- me encontré en un armario las dia- legio de Arquitectos de Valencia pa- MVHBSBVODPOPDJEPSFTUBVSBOUF Ultima Hora %PNiOHPEF/PWJFNCSFEF " $ 5 6 " - * % " %   .FUBNPSGPTJTVSCBOB .FNPSJBGPUPHSÁGJDBEFVOCBSSJP Z#BSCFSÌB"MBJ[REB FO MBDBMMF$PUPOFSDPOUBCBDPOVOB CBSCFSÌBEFGBDIBEBUSBEJDJPOBM&O «En 60 años no quedará ningún MBBDUVBMJEBETFEFEJDBBMUBUVBKF residente autóctono en el Casc Antic» s el portavoz de un pero genera poco trabajo lo- E colectivo que viene alertando de la im- parable transforma- ción de Palma, em- pujada por el turismo urbano y la imparable inversión in- mobiliaria. Santa Catalina ha cal. z$ÑNPTFUSBEVDFFTUFGFOÑ NFOPFOMPDPNFSDJBM  —La intensidad turística lleva a una intensidad inmobiliaria, que se traduce en una trans- sido uno de los primeros nú- formación comercial. Llegan cleos que ha estudiado Palma miles de personas con gustos XXI para comprender el éxo- diferentes y se les dan servi- do del cataliner autóctono y cios cosmopolitas. El mercado el comercio tradicional. de Santa Catalina es un eje y la zona es un gastrobarrio a ni- z1PSRVÈ4BOUB$BUBMJOBFT vel insular. &OMBDÁSDFM-BQSJTJÑOEF$BO4B GPDPEFHFOUSJGJDBDJÑO  MFT IPZCJCMJPUFDBQ×CMJDB BDPHJÑ  —Se trata de un fenómeno z$ÑNPBGFDUBFTUFGFOÑNF BDFOUFOBSFTEFQSFTBTSFQVCMJDB mundial. La vivienda es un OPBMSFTJEFOUFEFUPEBMBWJ OBT&SBOiDVJEBEBTwQPSNPOKBT bien de cambio, en lugar de EB  RVFMBTBEPDUSJOBCBO hacerlo bienes industriales, ya que —Si es un vecino que se queda, so- ‘ se puede usar para el turismo. Allí bre todo si es mayor, no está en donde hay un nivel de precios más condiciones para cambiar. Los pre- bajos que la media europea, es un cios suben, el mercado se encarece lugar interesante para comprar. En y ya no tiene acceso a sus sitios ha- Santa Catalina buscan un sitio dife- bituales. El vecino se siente extraño rente, con tranquilidad, buenas co- o marginado en su hábitat tradicio- municaciones y seguridad. Hace nal. diez o quince años que se puso de moda, cuando empiezan las plata- z&MQBMNFTBOPIVZFPFTFYQVMTB formas de Internet en el negocio -B EPEF[POBTFNCMFNÁUJDBT   turístico y se dispara, sobre todo de &OUSFWJTUB —La mayoría de los residentes desa- 2012 a 2017. Se puede comprobar  parecen en Casc Antic y bahías. En con el impuesto de plusvalía muni- +"6.&("3"6 el plazo de dos generaciones no cipal, que muestra la alta intensi- QSFTJEFOUFEF quedará nadie. Se expulsa a los jó- dad inmobiliaria. El primer sector 1BMNB99* venes y los vendedores se han deja-  económico de Palma es el inmobi- do alucinar por el precio de la vi- Z&TUBODP"SSJCB GBDIBEB liario y mueve miles de millones, vienda. EFMFTUBCMFDJNFOUPFO&OMB DBMMF4BOU.BHÌ FTVOPEFMPTQP DPTMPDBMFTPSJHJOBMFTB×OBDUJWP tanto, los vecinos más ancianos conviven con terrazas y una oferta que se parece muy poco a la que co- nocieron en sus inicios. De hecho, desde Palma XXI advierten que «se quedan aislados porque se quedan sin conocidos».  */$3&.&/50'03¤/&0  Entre los pocos supervivientes que quedan está la ferretería La Central, Z#PMMFSÌB&OMBQMB[B7BQPS que tiene 110 años. Gabriel Serra es IVCPVOBQBOBEFSÌBCPMMFSÌB)PZ uno de los propietarios y señala que FTVOBWJWJFOEBFOQMBOUBCBKB «ha bajado mucho la clientela. La mayoría de los vecinos son extranje-  ros y van a las grandes superficies». Su padre empezó a trabajar como aprendiz en la ferretería en 1934 y veinte años después compró la mi- tad del negocio. Ahora, su familia lleva la empresa veterana y resiste en medio de restaurantes thai y  +BVNF(VBM GPUÑHSBGPEF1BMNB99* pizzerías. «Antes, una familia entra- Z-B$FOUSBM ba desnuda por el principio de Sant -BGFSSFUFSÌBEF4BOU el alquiler ha subido a 3.000 al mes. crementado, e incluso doblado, el Magí y salía vestida, calzada, peina- .BHÌUJFOFNÁTEF Los europeos del norte llegan al número de alemanes, belgas, esta- da y completamente equipada al fi- DJFOBÐPTZTJHVFMB barrio atraídos por su encanto y ba- dounidenses, suecos, franceses, bri- nal de la calle dada la variedad de USBEJDJÑOGBNJMJBS(B rren las propiedades gracias a su ni- tánicos e italianos. Países que gozan sus comercios», explica Serra. Su CSJFM4FSSBFTUFTUJHP vel de vida más alto. De hecho, se- de una economía más saneada que negocio se ha adaptado y ampliado EFMBUSBOTGPSNBDJÑO gún las cifras del padrón municipal, la española y que pujan por el me- hacia la náutica, una actividad que DPNFSDJBMEFMCBSSJP en 2008 había 8.971 habitantes en tro cuadrado. En el mercado de tiene mucho tirón en la zona. la barriada, de los que 1.918 eran ex- Santa Catalina conviven puestos El área vive una puja constante al tranjeros (21 %). A 1 de enero de tradicionales con puntos gastronó- alza. Cuenta Serra que en un restau- 2018 había 9.049 cataliners, de los micos. Dicen los visitantes que este rante del barrio entró un extranjero '0504 que 2.209 eran foráneos (24,5 %). barrio tiene un encanto especial. y compró el local al dueño. Si el in- +.PSFZ+5PSSFT Pero por nacionalidades, se nota un Un encanto que sus antiguos veci- quilino pagaba 1.000 euros, ahora +BVNF(VBM trasvase en esta década: se han in- nos ya no reconocen.